Eramos muy chicos... Sebastián Fontenla Gil

ÉRAMOS MUY CHICOS...


Por Sebastián Fontenla Gil

Eramos muy chicos. Sebastian Fontenla Gil
Eramos muy chicos. Sebastian Fontenla Gil

Éramos muy chicos, unos 17 años… por lo menos yo era chico, me sentía así. Corría el 92 y las mieles del dólar barato nos permitían acceder a pequeños lujos. Etapas de consumo en masa, zapatillas llamativas y los últimos gritos de la moda expuestos en las vidrieras de la galería Bond Street. Como siempre llegábamos tarde a todo, allá por Quilmes nos conformábamos con las tardes de la calle Alsina y los jumper en tonos verdes de los colegios privados, la vuelta al perro sin correa y quien más quien menos acceder a alguna fiesta exclusiva de un pueblo cuya elite no aspiraba a mas que establecerse en Barrio Parque. Había otro mundo pero para nosotros era una ilusión inalcanzable. Alguien me dijo hace poco: “teníamos poco mundo, hoy todo está más cerca”, tal vez sea cierto. Aún hoy continuamos hablando de algunos intrépidos que como primeros adelantados decidieron tomar un avión y partir hacia otras latitudes, la respuesta es sincera: “no teníamos poco mundo, éramos unos pelotudos…”

A veces me veo armando una leyenda alrededor mío para impresionar a mis hijas. Supongo que será un defecto heredado. Mi padre era un poco exagerado en algunos detalles pero, y a pesar de ser una persona muy seria, era un gran contador de anécdotas. Cada vez me veo mas parecido a él, casi que podría imaginar muchas situaciones de mi vida como un calco suyo. Es increíble, como durante un tiempo te esforzás por diferenciarte y luego descubrís que actúas de la misma forma ante las mismas situaciones.

Por otro lado llevo un cuaderno en el que les cuento a las chicas el hoy, les hablo a ellas en el futuro. Intento ser lo más sincero posible, ser yo, el que conocen pocos. No quiero esconderle mis defectos, aunque es difícil pensar en dos mujeres leyendo a un hombre de 44 años siendo niñas al momento en que este se puso a escribir. Hay mucho de aquellos años 90', hay mucho de la tradición familiar, hay mucho de mis deseos para su futuro, pero… ¿cuánto de todo eso pueda llegar a importarles?, ¿cuánto de mis propias inseguridades le transmito a dos mujeres de un mundo mucho más complejo del que yo viví?, ¿qué será de sus aspiraciones, sus luchas, sus decepciones?, ¿estaré a la altura de lo que sus vidas me exijan darle?, ¿quién era yo en aquellos años tan valiosos de la adolescencia?. Un día las leyendas se acaban y si bien hoy quiero ser su Superman un día me van a descubrir y solo tendré que reír y aferrarme al amor. Sí, es verdad, nunca lo hubiera logrado. Solo soy un mortal. Sorry babe… apenas corrí dos olas.

La verdad es que encontré en la red esta ilustración y me vino a la memoria una noche perdida de verano bajando por la calle Corrientes hasta el Correo Central, luego un pancho una coca y el viaje eterno a Quilmes. ¿Cómo transmitir los anhelos de un chico que soñaba a través de los posters colgados en su habitación, desde un barrio suburbano, en una familia tradicional de inmigrantes donde el plan específico era progresar y no volver a la pobreza?. De un chico que no quería crecer, o sí pero no de la forma que debía hacerlo y… sinceramente no se atrevía… o no podía…

Dos años me encontré a hablar con Graciela todos los martes. Bla bla bla bla bla…. hasta agotarme. Y un día sonó la palabra… libertad. Eso era, libertad… Dee Dee, Pil, Iggy, Rotten… Andrew Eldrich, Wayne Hussey.. mi padre subiendo a un barco a los 25 años… mi hermano contándole al mundo quien es… Hawk, Hosoi… Juanpa… Violent Deed… libertad, libertad, libertad.

Libertad.

No sé que será de su mundo. Sé lo que viví y lo que pasé. Lo que no me atreví y lo que deje de lado… A pesar que se los diga, no patinaba tan bien, no tocaba la guitarra tan bien, no hacía tan buenas canciones y los jumper siempre me pasaron lejos, demasiado. Pero en cada una de esas noches en las que alguno de los dioses bajaban a la tierra, en las que el retorno se hacía interminable, el calor, el ruido, la decepción, los intentos fallidos, el sentirte afuera… había una búsqueda, no todo era en vano. Todo lo que hice me llevo a un día tener un bebe en brazos y decir, ¡uau!... ¿y ahora que pasa, eh?... todo, desde chico, cada segundo, cada minuto, cada pavada, cada examen, cada día perdido, todo se resume en ese minuto, como en “A day in the life”, el instante sideral del “in crescendo” hasta la pausa, el silencio y luego el reloj despertador de Paul llamando a una nueva canción, más dulce, más benigna, más hermosa… entonces nada será igual…

¿Que quedó de aquello?, tal vez solo tomarme estos minutos para robarle al estado parte de mi sueldo… una actitud muy Strummer.

Aprender a superar mis miedos, a que no me pertenecen, a que ese cuaderno sea solo un puñado de escritos que las acompañe como los álbumes de fotos de nuestra niñez. A que son mujeres y, ¿que hemos hecho con eso?, ¿qué mundo hemos creado?... fuimos cómplices… sin saberlo o sabiéndolo y haciéndonos los boludos. Un mundo de farsantes hot machos, american standard, alcoholics, super tops, consumistas, social capitalistas, fashion oriental club… ¿y la violencia?, puajj, la violencia de controlar tu pensamiento, de hacerte creer que porque sos mujer tenés que pensar con esos clichés que armamos para justificar nuestro miedo. Como a los negros, como a los chinos, a los bolivianos. Miedo por ende, violencia, y la vida perdida de las que se casan con idiotas, esos que entonces las convencen de que son unas pelotudas… y entonces…

La pausa, el silencio, el instante en que suena el reloj de Paul y tenemos que elegir, si salir corriendo u orientar nuestra vida a esos hermosos ojitos que te miran… que suene el llamado, acá estoy para ellas, siempre.

Sos igual, no te amedrentes porque sos igual y libre, y capaz, y amate, y amante, y amantes, y defendé como sos… páginas de cuaderno, noches escuchando a Dee Dee, construyendo el outsider desdichado del secundario que al fin y al cabo, pienso, no estaba tan equivocado porque defendía al amor en un mundo de descarte, de envase, de sms, y lo sufría y se quedaba al costado mirando a todos y pensando: “algún día llegara mi gran día”, y… un día llegó… y fuiste vos en la playa caminado sola, y después ellas dos, y hoy somos cuatro para el tiempo que nos queda y el de ellas también. El “todos son perfectos” de Sublevación, no quiero que les afecte. La perfección a la basura, viva el error, viva el inconformismo, un día díganme: “no te bancamos más… nos vamos… entonces, creo, habré hecho bien mi trabajo.

Sí, finalmente somos tan parecidos… si pudieras verme ahora equivocándome como vos.

Que mundos diferentes hemos compartido, vos Tchaikovsky, yo Dee Dee Ramone, me pesa. Igual creo, finalmente pasamos por el mundo, buscamos lo mismo.

El amor.


Sebastián Fontenla Gil - Octubre de 2019